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Paradójicamente, he encontrado la paz porque siempre he estado insatisfecha. Mis momentos de depresión y desesperación resultan ser renovaciones, nuevos comienzos. Si alguna vez me conformara con la superficie de la vida, con sus divisiones y sus clichés, sería hora de llamar al enterrador... Así pues, esta insatisfacción que a veces me preocupaba y que sé que ha preocupado a otros, me ha ayudado de hecho a moverme libremente e incluso alegremente con la corriente de la vida.