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La ciencia sin religión es peligrosa porque conlleva necesariamente una mecanización de la humanidad y la consiguiente pérdida de autonomía y espiritualidad individuales. Por otra parte, la religión sin la ciencia es impotente porque carece de un medio eficaz a través del cual actualizar la realidad última. La ciencia y la religión deben trabajar juntas en armonía.