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En el fondo, la historia de la Pascua no tiene nada que ver con anuncios angélicos o tumbas vacías. No tiene nada que ver con periodos de tiempo, ya sean tres días, cuarenta días o cincuenta días. No tiene nada que ver con cuerpos resucitados que aparecen y desaparecen o que finalmente abandonan este mundo en una ascensión celestial.