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Dondequiera que, en cualquier mundo, un alma, por obediencia de libre albedrío, atrapa el fuego de la semejanza de Dios, se establece en las paredes crecientes, una piedra viva.
Dondequiera que, en cualquier mundo, un alma, por obediencia de libre albedrío, atrapa el fuego de la semejanza de Dios, se establece en las paredes crecientes, una piedra viva.