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El peor rasgo de esta doble conciencia es que las dos vidas, la del entendimiento y la del alma, que llevamos, guardan en realidad muy poca relación entre sí; nunca se encuentran ni se miden: una prevalece ahora, todo bullicio y estrépito; y la otra prevalece entonces, todo infinitud y paraíso; y, con el progreso de la vida, las dos no descubren mayor disposición para reconciliarse.