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Los hombres son recompensados por aprender la práctica de la violencia en prácticamente cualquier esfera de actividad con dinero, admiración, reconocimiento, respeto y la genuflexión de los demás honrando su sagrada y probada masculinidad. En la cultura masculina, la policía es heroica y también lo son los forajidos; los varones que hacen cumplir las normas son heroicos y también lo son los que las violan.