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La filosofía misma no puede sino beneficiarse de nuestras disputas, pues si nuestras concepciones resultan verdaderas, se alcanzarán nuevos logros; si son falsas, su refutación confirmará aún más las doctrinas originales.
La filosofía misma no puede sino beneficiarse de nuestras disputas, pues si nuestras concepciones resultan verdaderas, se alcanzarán nuevos logros; si son falsas, su refutación confirmará aún más las doctrinas originales.