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Me opongo a las corrupciones del cristianismo, pero no a los preceptos genuinos del propio Jesús. Soy cristiano, en el único sentido que él deseaba que alguien lo fuera; sinceramente apegado a sus doctrinas, con preferencia a todas las demás; atribuyéndome todas las excelencias humanas; y creyendo que nunca pretendió ninguna otra.